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La Muerte de Iván Ilich

Después se calmó y dejó no solo de llorar, sino también de respirar.
Parecía que estaba escuchando, no a una voz audible,
sino a la voz de su alma.

 

Todo lo que hasta entonces le causaba gozos y alegrías,

ahora se esfumaba delante de sus ojos,

y se convertía en trivialidades—

Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora:
Tiempo de nacer, y tiempo de morir— Eclesiastés 3:1, 2

LA MUERTE ES tan injusta, tan impredecible. La muerte también es aplastantemente inevitable. Los hombres mueren y con frecuencia cuando menos están preparados. Todo mundo supone que los viejos mueran, pero cuando la muerte viene como resultado de un golpe insignificante en un costado, o viene cuando estamos en la flor de la vida, cuando la esperanza nos rodea por todas partes, nos parece incomprensible. León Tolstoi, en su novela: La Muerte de Iván Ilich, pone en perspectiva lo que sucede cuando la muerte llega en el momento equivocado. moment.

Tolstoi, claro, fue uno de los relistas Rusos más distinguidos, y en esta corta novela, expone la fuerza y las características del realismo en la literatura. Para empezar, nada es más real que la muerte, y el trato que Tolstoi le da al asunto, nos lleva viajar en una convincente, cruda, terrible, y desnuda jornada de lo que significa morir.

En un punto de la novela se describen las evacuaciones intestinales de Ilich, esta actividad era por demás embarasoza y tortuosa para el moribundo Ilich:

Y esto era un tormento contínuo para él, tormento por causa de la suciedad, el mal olor, lo desagradable, y el saber que otra persona tenía que ayudarle en eso..

Sin embargo fue precisamente a través de este desagradable asunto que Iván Ilich encontró algo de consuelo en Gerasim, el encargado de la despensa, quien venía todos los días y sacaba la basinica. Gerasim era un joven limpio, fresco, joven, y siempre alegre. Al principio, Iván Ilich se avergonzaba al ver a este limpio muchacho vestido al estilo ruso, ocuparse de esta repugnate tarea. .

En una ocasión al levantarse de la bacinica y sin fuerzas para subirse los pantalones, se dejó caer en un sillón y horrorizado contempló sus desnudas piernas con los músculos claramente marcados. En ese momento entró Gerasim.

“¿Desea algo, señor?”

“Temo que esto es muy desagradable para tí, perdóname, no pude evitarlo.”

“No se preocupe,” dijo sonriendo, enseñando sus blancos y jóvenes dientes, “¿cómo no ayudarlo si está enfermo?”  (capítulo 7.4- 11 )

El control sobre una de las funciones más básicas de la vida ahora comenzaba a írsele de las manos. La vida se le había transformado en un desagradable bochorno. La muerte estaba degradando a Iván Ilich, y estaba impotente, no había nada que él pudiera hacer.

Otro ejemplo de realismo es cuando Ilich se da cuenta que algo terrible estaba pasando—

Era imposible engañarse a si mismo: algo nuevo y temible le estaba sucediendo, algo de tan vasta importancia que no tenía comparación en su vida. Y sólo él lo sabía. Los que lo rodeaban o no entendían, o no querían entender y pensó que nada en el mundo había cambiado.  (capítulo 4.20)

Su familia había comenzado a ser “envuelta en un remolino de actividad social” y habían encontrado que la condición de Ilich era desconcertante y lo culparon por lo que estaba pasando; sin embargo, nadie hasta ese momento mencionó la muerte aun cuando Ilich se encontraba cada vez más exhausto y el dolor en su costado era cada vez más severo, y—

el sabor en su boca se hacía más y más extraño; sintió que su aliento tenía un olor nauseabundo; su apetito disminuyó y seguía perdiendo fuerzas. (capítulo 4.20)

Tolstoi es muy gráfico al describir el hedor de la muerte y deja muy poco a la imaginación..


Un tercer ejemplo del estilo realístico de Tolstoi, es la descripción del cadáver de Ilich; un amigo, Piotr Ivánovich, vino a presentar sus últimos respetos, y esto fue lo que encontró —

El muerto estaba como todos los muertos: con sus miembros endurecidos hundidos en el ataúd, la cabeza inclinada para siempre en la almohada, su frente amarillenta, las sienes hundidas y la nariz perfilada que parecía apretar el labio superior. Estaba muy cambiado …. había adelgazado mucho pero, como todos los muertos, su cara era más hermosa y se veía más importante que cuando vivía. Su expresión implicaba que lo que fue necesario hacer, lo había hecho, y bien hecho. (capítulo 1.24)

Sin embargo Tolstoi no está simplemente detallando la muerte en ensayos realistas. Hay otro tema o motivo que subraya la sombría autenticidad de la historia. La muerte y la vida están entretejidas, de manera que en cierto sentido, La Muerte de Iván Ilich realmente trata de la vida de Iván Ilich. Su vida fue una de ascenso en la profesión, de movilidad constante hacia arriba. Ilich, como un crítico literario dijo, fue—

Un Ruso común y corriente; obtiene su licenciatura, comienza a subir en la escalera profesional, se casa con una muchacha de buena clase, se hace de amigos de su altura, compra los muebles de buena clase. (Matlaw 150)

Todo en la vida de Iván Ilich estaba bien y como él lo había planeado. Uno podría decir que Ilich fue un Yuppy del siglo 19, o del fin del milenio. Sin embargo, la inevitalibidad de la muerte cambió el enfocamiento de su vida y lo forzó rudamente a refleccionar. Tolstoi usa estas palabras para describir el estado de ánimo y la esperanza en que Ilich se entretenía.—

Los placeres conectados con su trabajo eran de ambición y de orgullo; sus placeres de sociedad eran placeres de vanidad; pero el mayor placer de Iván Ilich era jugar whist: (juego de naipes) sentarse a jugar con buenos jugadores, jugar un juego inteligente y serio, después una buena cena con un vaso de vino.

Así vivían los Ilich: Se movían en los mejores círculos sociales y su casa era frecuentada por gente de importancia, todo caminaba sin cambios y todo estaba bien. (capítulo 3.21, 22, 23)

Cuando Iván Ilich se convence que realmente se está muriendo, retrocede en sus pensamientos en búsqueda del significado de la vida, en búsqueda de una razón por la que los hombres viven; consideró que su matrimonio había sido una pretención, una desilusión. Refleccionó también sobre todo el tiempo en que se había preocupado tan intensamente por el dinero, cosa que, por supuesto, ahora ya no importaba, se había engañado a sí mismo; de hecho, se vió obligado a confrontarse consigo mismo; la vida que él pensaba había estado en constante movimiento hacia arriba, ahora se daba cuenta que realmente el movimiento había sido cuesta abajo—

Todas las aparentes alegrías de su vida se desvanecieron ante sus ojos y se convirtieron en cosas triviales y hasta repugnates; “siempre pensé que mi vida iba en un ascenso constante, pero era todo lo contrario. La vida se me escapaba de las manos, ahora estoy listo para morir.”

“¿Qué significa todo esto? ¿Qué fue lo que sucedió? Esto no está bien, aquí hay algún error; quizá no viví como debí haber vivido,” se le ocurrió de repente. “Pero ¿cómo puede ser, si todo lo hice tal como debía?”

Y dejó de llorar y se acomodó con su cara hacia la pared y regresó al mismo pensamiento: ¿Por qué todo este horror, y para qué?” Pero por mucho que pensara no encontraría respuesta.  (capítulo 9.23 ff)

La habilidad de Tolstoi para capturar las dinámicas tanto de la muerte como de la vida es realista, genuina y verdadera. De hecho, las dimenciones psicológicas de la vida y la muerte son los mejores ejemplos del uso de Tolstoi en su estilo realista literario. Los pensamientos más profundos de Iván Ilich son de un significado muy especial. Realmente, tales pensamientos reflejan el alma de muchos de nosotros, incluyendo, quizá al mismo Tolstoi. Es tan fácil ser atrapado en la vorágine del mundo y perder nuestra vida, y quizá también el alma en el seguimiento de algo que pensamos que es lo más importante.



Cuando sabemos que estamos muriendo

Interesantemente, de acuerdo con los estudios psicológicos conducidos por Elisabeth Kübler-Ross, “la muerte es tan terrorífica que preferimos ignorar se realidad.” Y aunque uno no quisiera sospecharlo, aun los doctores y enfermeras tienen dificultad para reconocer que un paciente con una enfermedad terminal, está muriendo irremediablemente; quizá esto sea parte de nuestra humanidad y nuestro propio sentido de mortalidad. El resultado, dice Kübler-Ross, es que tanto la muerte como el moribundo son tratados de manera impersonal, es entonces cuando el moribundo se convierte en algo rutinario, solitario, mecánico, deshumanizante (7).

Los doctores que trataron a Iván Ilich nunca se pudieron poner de acuerdo para decir que él se estaba muriendo. Sin embargo, Ilich, sabía la verdad y lo que más le angustiaba era que ellos negaban esa verdad. A esto él le llamó la mentira de ellos—

La mentira, sostenida por todos, es lo que más atormentaba a Iván Ilich. La mentira de que solo estaba enfermo y no moribundo. Rehusaron reconocer lo que él y todos los demás sabían. Le atormentaba que todos aparentaban ignorar su espantosa situación y que además lo obligaran a él a tomar parte en esta mentira, mentira perpetuada en vísperas de su muerte, mentira que estaba destinada a degradar el impresionante y solemne acto de su muerte al nivel de sus visitas cotidianas, sus cortinas y al esturión que se comieron en la cena.  (capítulo 7.30)




Una vez más, Tolstoi describe de manera realista la crudeza de lo que significa morir, parece que al encarar la muerte, ninguno de nosotros, incluyendo los doctores, sabemos que decir.

Kübler-Ross también encontró que el enfermo terminal pasa a travez de etapas psicológicas como parte del morir, estas etapas varían de la negación a la resignación o aceptación. La espranza surge con frecuencia en el intermedio de estas etapas pero fluctúa como una ola que sube y baja. Iván Ilich pasó por todas estas etapas antes de aceptar su propia muerte; Se enojó, trató de negociar con la muerte; se insensibilizó con la angustia, y, al final aceptó lo irremediable; desde el punto de vista literario, cada etapa ilustra la fuerza del realismo en el estilo de Tolstoi..

Primera Etapa: Esto no puede estar pasando. 


Durante la primera etapa de la muerte, los enfermos terminales niegan la posibilidad de su propia muerte; Kubler-Ross describe esto como una defensa temporaria, un estado de shock que permite al paciente reagrupar sus pensamientos. Retraimiento y aislamiento son parte de esta etapa (34-43) Iván Ilich experimentó estas mismas emociones. Aun cuando progresivamente empeoraba, Ilich pensó de su “molestia en su costado izquierdo” como algo de mala salud (capitulo 4.1). Y cuando el dolor no se iba, entró en desperación y simplemente descartó la idea de que se estaba muriendo, pero no le funcionó —

El dolor no disminuyó, pero Iván Ilich se forzaba en pensar que estaba mejorando, y logró engañarse de que todo iría bien mientras que nada le molestara; pero tan pronto como tenía un episodio desagradable con su esposa, una complicación en el trabajo, o una mala mano en las cartas, inmediatamente la consciencia de su enfermedad se hacía presente en toda su plenitud. (capitulo4.17)

Interesantemente, Tolstoi utiliza la palabra aislamiento para describir la reacción de Iván Ilich a lo que le estaba pasando dentro y fuera de él mismo:

Durante los últimos días del aislamiento en que vivió, recostado con su cara hacia el respaldo del sofá, Iván Ilich vivió solo para sus memorias del pasado; las imágenes llegaban a su mente una tras otra; sus recuerdos más recientes llegaban primero y luego retrocedían hasta su infancia y ahí permanecían.  (capitulo10.5)

Obviamente, Tolstoi se percató de esta etapa de la muerte y la describió de manera conmovedora y exacta; la enfermedad terminal de Ilich había comenzado con un accidente inocente: Estaba trepado en una escalera, colgando el drapeado de la ventana, equivocó un escalón y cayó golpeandose un costado en la manija de la ventana resultando en un pequeño raspón y nada más, al menos así lo pensó. Más tarde haría chiste de aquella torpe experiencia y del pequeño e insignificante raspón—

Si no fuera porque soy tan ágil, cualquiera otro se hubiera muerto, yo solo salí con un pequeño golpe; duele cuando me lo toco, pero ya se está aliviando, es solo un moretón. (capitulo3.17)

Después de que Iván muere, un amigo cercano, amigo de la infancia vino a presentar sus últimos respetos y al contemplar el cuerpo muerto, Piotr Ivánovich se aterrorizó —

Pensó en el sufrimiento de alguien a quien tan bien había conocido, y el temor se apoderó de él, “lo mismo me puede suceder en cualquier momento,” pensó y por un momento sintió pánico. Pero inmediatamente, y sin saber cómo, salió de ese temor al refleccionar que esto le había ocurrido a Iván Ilich y no a él, y que no podía ni debía sucederle lo mismo. (capitulo1.42)

Ya sea que se trate de un moribundo, o de la misma muerte, nos quedamos sin palabras; el horror del momento nos forza a recluirnos en nuestros propios pensamientos – “Mejor es ir a la casa del luto que a la casa del banquete; porque aquello es el fin de todos los hombres, y el que vive lo pondrá en el corazón” (Eclesiastés 7:2).

Segunda Etapa: ¿Por qué a mí? ¿Por qué ahora?


Esta etapa de ira es de igual manera un mecanismo de defensa y está marcada por un cambio radical en el comportamiento:

En contraste con la etapa de negación esta etapa de ira es muy difícil de sobrellevar … La razón de esto es que la ira se desplaza en todas direcciones. (Kübler-Ross 44)

Las emociones varían de ¿por qué a mí? a ¿por qué no es otro el que se esté muriendo, otro menos importante, otro cuya familia no dependa tanto de él? “En ocasiones el paciente levanta la voz, quizá en un esfuerzo por decir a otros que aún no está muerto” (Kübler-Ross 46).

Iván Ilich estaba enojado por su propia muerte; al principio solo estaba irritado, pero cuando su irritabilidad creció se encontró peleando más y más con su esposa. Nadie en su familia podían hacer nada bien; la comida no estaá sabrosa, el plato está dañado, o su hijo apoyó los codos sobre la mesa—

Le molestaba encontrar rota una pieza de la vajilla, que no estuviera sabrosa la comida, el peinado de la hija, o que el hijo apoyara los codos sobre la mesa. (capitulo 4.3)

La ira de Ilich era irrazonable, y usualmente la dirigía hacia su esposa. Arremetía especialmente contra los que estaban más cercanos a él, los que lo amaban. Lanzaba su irritación contra todos y contra todo: “Ahora todo contratiempo lo irritaba y lo hundía en la angustia.” (capítulo 4,17) Al último llegó a odiar aun a su esposa; después de todo ella estaba viva y él se estaba muriendo—

Ella se quedó un rato; después se levantó y se despidió dándole un beso en la frente. Al besarlo, sintió que la odiaba con todas la fuerzas de su alma, e hizo un gran esfuerzo para no rechazarla. (capitulo 5.30, 31)

Llegó al grado de resentir su gordura atractiva, su blancura, y la manera en que sus ojos brillaban de vitalidad (capítulo 8.32). Todo en ella le hacía recordar que él estaba muriendo. Ella también llegó a odiar a Iván Ilich y comenzó a desear su muerte. Por lástima a sí misma, y por desesperacíón. (74)

Habiendo concluido que su esposo tenía una terrible disposición que la había hecho miserable, empezó a compadecerse a sí misma, y entre más se compadecía de sí misma, más odiaba a su esposo. Comenzó a desear que se muriera, pero luego recapacitaba, porque sin él no tendría su sueldo, y esto le indignaba aun más. Se consideraba supremamente infeliz porque ni aun la muerte la podía ayudar. (capitulo 4.3)

Lo terrible de la muerte había interrumpido las vidas de ambos y los hacía sentirse incapacitados, y ambos estaban enojados porque la angustia no pasaba, no tenía fin; cualquier opción era impensable para los dos.

Iván Ilich, por supuesto que se sentía especialmente enojado y como los pacientes descritos por Kübler-Ross intentaba sobrellevarse con el hecho inaceptable de su propia muerte; no podía negarlo, no podía desearlo, no podía deshacerse de la ira..

Tercera Etapa: Está bien, lo acepto, pero necesito entenderlo.


La tercera etapa en el moribundo es negociar con la muerte. Kübler-Ross compara esta etapa con un niño que intenta calmar a un padre disciplinario. Al principio es posible que el niño esté enojado –

“Si no me permites pasar la noche con mi amigo, me encerraré en mi cuarto con llave.” Sin embargo, más tarde, el niño usa una estrategia diferente: “Si me porto bien toda la semana, y lavo los trastos todas las tardes, ¿me dejas ir?” (72)

Iván Ilich pensó que podía negociar con la muerte; estaba dispuesto a aceptar su muerte con tranquilidad si tan solo pudiera entender lo que había detras de ella, y pensó que eso no era mucho pedir. También trató de intelectualizar su muerte al recordar un silogismo que había aprendido en la escuela —

El silogismo que había aprendido en el libro de lógica de Kizevéter: “Cayo es un hombre, los hombres son mortales, por lo tanto Cayo es mortal,” toda la vida le había parecido razonable porque se refería a Cayo, pero no a él mismo. Cayo representaba a un hombre abstracto, indeterminado, pero él no era Cayo, no era un hombre abstracto. Desde su infancia fue diferente, privilegiado: de niño era Vania para papá y mamá, con juguetes, un cochero, y una nana, con todos los entusiasmos, alegrías y dolores de la infancia, la adolescencia, y la juventud. (capitulo 6:3)

Pero nada le funcionó; su razonamiento no lo llevó a una explicación racional que pudiera confortarlo. Cuando se cuestionó: ¿qué sentido tiene todo esto? No hubo respuesta: “El dolor permanecía ahí, lacerante, persistente y no podía alejarla (la muerte) de sus pensamientos – lo observaba con insistencia de detrás de las plantas” (capítulo 6.12). Con frecuencia, Ilich se ponía a cavilar sobre la misma horrible pregunta —

“¿Qué es esto? ¿Es en verdad la muerte?” Y una voz interior le contestaba: “Sí, es la muerte.” ¿Y para qué tanto sufrimiento? Y la voz contestaba: “Para nada.” (capitulo 10.1)

No había respuesta; no había negocio; no había manera de razonar con la muerte; el dolor persistía día tras día. .

Cuarta Etapa: Tristeza por todos lados.


La depresión es la cuarta etapa por la que atravieza un moribundo. A estas alturas el paciente sabe que se está muriendo. También se da cuenta que ni el enojo ni el negociar tendrá efecto alguno. Se apodera de él un sentido total e irreversible de pérdida; pronto perderá a todos los que ama, y a todo lo que quiere; su dolor es comprensible y es una preparación que de alguna manera aminora el dolor de morir (Kübler-Ross 75-88).

Cuando Iván Ilich llega a esta etapa, se considera a sí mismo como si fuera un veneno que infecta las vidas de los que lo rodean. Lo envuelve un sentido de melancolía e instintivamente sabe que él es el responsable de la tristeza que también rodea a los que se le acercan. Pero no hay nada que él pueda hacer—

Los amigos vinieron para jugar a las cartas con él, ellos repartían, doblando las barajas nuevas para ablandarlas. Qué más podía desear, debió haberse sentido alegre, y lleno de energía; pero, de repente se da cuenta del lacerante dolor en su costado, y el horrible sabor en su boca.

Todos vieron que estaba adolorido, y se quedan callados y taciturnos; él se siente culpable y triste al mismo tiempo.

Después de la cena, sus amigos se fueron, dejando a Iván Ilich solo con la consciencia de que su vida había sido envenenada y que estaba envenenando las vidas de otros y que lejos de disminuir, el veneno penetraba más y más profundamente en su ser.  (capitulo 4.29, 31)

Ni siquiera por un momento podía escapar de esa agonizante e indescriptible miseria: “Un sudor frío recorrió su cuerpo; la respiración se le detuvo; sentía sólo los latidos del corazón” (capítulo 5.17). Se compadece de sí mismo y llora fuerte como un infante en dolor. La descripción por Tolstoi de la angustia de Iván Ilich emerge en palabras conmovedoras—

Lloraba por su impotencia, por su terrible soledad, por la crueldad de los hombres, por la crueldad de Dios, por la ausencia de Dios. (capitulo 9.11)

Iván había descubierto que el morir es algo muy solitario; podemos andar en un valle de sombra de muerte, pero andamos solos, a menos que Dios esté con nosotros.

Quinta Etapa: Aceptación de lo inevitable.


La etapa final de un moribundo es la aceptación; sin embargo, no es una etapa feliz, es más bien una ausencia de sentimientos. El paciente acepta que la lucha ha terminado, y que no vale la pena continuar luchando; de alguna manera, esta etapa es más difícil para la familia que para el paciente. Al menos el paciente tiene algo de paz porque se da cuenta que su terrible experiencia pronto termina. Kübler-Ross describió el estado de ánimo del paciente así—

Desea que lo dejen solo o al menos que no se le moleste con noticias y problemas del mundo exterior. Con frecuencia rechaza las visitas. (100)

En La Muerte de Iván Ilich se habla más de la etapa de aceptación de la muerte que en cualquiera de las otras cuatro etapas; Ilich se resignó a su propia muerte mucho más pronto que los que le rodeaban, excepto Gerasim, quien aceptó la inminente muerte de Ilich de manera objetiva—

Gerasim fue el único que lo entendió y se apiadó de él. Gerasim fue el único que no mintió; todo lo que hacía mostraba que solo él entendía lo que estaba sucediendo, no vio la necesidad de mentir, simplemente se compadeció de su débil y consumido señor: “Todos hemos de morir algún día, ¿por qué no debería ayudarlo?” (capitulo 7. 30)

Otros se mentían a sí mismos y también a Ilich, no así Gerasim, él siempre fue honesto y eso confortaba a Ilich. Ilich, al final de su vida, y al darse cuenta que nada puede rectificar lo inevitable, llora abiertamente por su familia y mira a su hijo y a su esposa; ella está de pie mirándolo fijamente con su boca medio abierta y con el rostro bañado en lágrimas (132).

En ese momento su hijo entra sigilosamente en el cuarto y se dirige a su cama, el moribundo estaba gritando desesperadamente y agitando sus brazos, una mano cae en la cabeza del muchacho. El niño cogió la mano de su padre, se la llevó a los labios y empezó a llorar.

Su esposa y se dirigió hacia él; él la vio; ella lo miró fijamente con la boca abierta, sin limpiarse las lágrimas en su nariz y en sus mejillas, y con una mirada de angustia en su cara. El sintió lástima por ella.

Inmediatamente después, Ilich acepta la muerte totalmente y descubre que lo que le había estado oprimiendo y que no lo dejaba, se estaba desvaneciendo rápidamente — “por dos lados, diez lados, por todos lados.”

“¿Y el dolor?” se preguntó, “¿Dónde está el dolor, a dónde se fue? ¿Y la muerte, dónde está la muerte?”

Él buscó su acostumbrado temor a la muerte, y no pudo encontralo. dónde estaba la muerte y cuál muerte, ya no había temor porque la muerte no existía; había luz en lugar de muerte. (capitulo 10.9, 13)

Hay un ruido en su pecho; da un suspiro profundo y, entonces, simplemente muere. Todo ha terminado, y muere en paz.

Los momentos finales de la vida de Iván Ilich son especialmente realistas; es como si el lector está presente en la muerte de Ilich, el genio de Tolstoi es sorprendentemente conmovedor; cuando leemos a Tolstoi, sentimos la palpitación de sus palabras.

La novela de Tolstoi plantea un ejemplo contundente del estilo realista en la litertura que fue popular en los 1800s estando presentes las caractrísticas del realismo; se dan repetidos énfasis sobre detalles fisicos sobre cómo algo se ve o huele; aún más importantes (y realistas) son las descripciones de las dimenciones psicológica de la vida. Las emociones están descritas tan concretamente como describir una silla o una mesa. Como resultado de esto, La Muerte de Iván Ilich de Tolstoi, es un ejemplo de realismo en más de una manera.

Alguien podría decir que Iván Ilich vivió para valores equivocados, que estaba demasiado ocupado en las cosas materiales de la vida, su prestigio y su estatus; aun así, Ilich no robó ni le hizo daño a nadie; era ambicioso en el buen sentido de la palabra, y trabajó duro; ¿cómo puede alguien encontrarle defectos a semejantes cualidades?

Sin embargo, aquí es donde viene la decepción; la lujuria de los ojos o la lujuria de la carne son obviamente identificables; un hombre sabe cuando comete adulterio, sabe cuando roba o miente; pero para muchos de nosotros, el trabajo y la necesidad de mejorar puede fácilmente caer en orgullo sin darnos cuenta de ello. La lujuria de los ojos y la lujuria de la carne son fácilmente reconocibles, pero el orgullo de la vida, es mucho más engañoso y secreto—

Y dijo: Esto haré: derribaré mis graneros, y los edificaré mayores, y allí guardaré todos mis frutos y mis bienes;.

19 y diré a mi alma: Alma, muchos bienes tienes guardados para muchos años; repósate, come, bebe, regocíjate

20Pero Dios le dijo: Necio, esta noche vienen a pedir tu alma (Lucas 12:18-20).

 

Traducido por E. Spencer



Kübler-Ross, Elisabeth. On Death and Dying. New York: Macmillian, 1969. Print.
Matlaw, Ralph E. ed. Tolstoy: A Collection of Critical Essays. Englewood Cliffs, NJ: Prentice-Hall, 1967. Print.
Tolstoy, Leo. The Death of Ivan Ilyich. Trans. Lynn Solotaroff. New York: Bantam, small1981. Print.

No omissions in the quotes are marked by ellipses in an attempt to retain continuity of thought both in the article itself and in the writing of Tolstoy. Chapter and paragraph, however, are noted so that the reader can find the actual wording in Tolstoy.

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