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Consentidores de las malas obras


 
 

Sino que también dan su aprobación

En ley, el silencio puede ser interpretado representar el consentimiento

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»Porque sembraron vientos,
segarán tempestades«— Oseas 8:7

HACE ALGUNAS Hace algunas semanas prediqué aquí en Odessa, y también en Midland y Monahans, TX un sermón que intitulé con las palabras que encabezan este artículo. Quiero escribir para su consideración, algunos de los pensamientos vertidos en ese sermón.

Primeramente, consideremos el significado de las siguientes palabras: consentidor: “Que consiente una cosa, pudiendo y debiendo estorbarla.” – consentir: “Permitir o dejar hacer algo. Tolerar, sufrir, admitir. Mimar a los hijos.”

Enseguida leamos tres pasajes de las sagradas Escrituras, donde se habla de hombres que fueron consentidores de malas obras, menciona el caso de cuando Jesucristo acusó a los fariseos e intérpretes de la ley, diciéndoles—

¡Ay de vosotros, que edificáis los sepulcros de los profetas a quienes mataron vuestros padres! De modo que sois testigos y consentidores de los hechos de vuestros padres; porque a la verdad ellos los mataron, y vosotros edificáis sus sepulcros. — Lucas 11:47-48

 

Tenemos las propias palabras del apóstol Pablo (o Saulo de Tarso) donde confesó haber sido un consentidor. Leamos—

Y cuando se derramaba la sangre de Esteban tu testigo, yo mismo también estaba presente, y consentía en su muerte, y guardaba las ropas de los que le mataban —Hechos 22:20

Encontramos el mensaje similar de Pablo, el apóstol, que dijo—

Y así como ellos ya no tuvieron a bien reconocer a Dios, Dios los entregó a una mente depravada, a hacer las cosas que no convienen; estando atestados (llenos) de toda injusticia, fornicación, perversidad, avaricia, maldad; llenos de envidia, homicidios, contiendas, engaños y malignidades; murmuradores, detractores, aborrecedores de Dios, injuriosos soberbios altivos, inventores de males, desobedientes a los padres, necios, desleales, sin afecto natural, implacables, sin misericordia; 32 quienes habiendo entendido el juicio de Dios, que los que practican tales cosas son dignos de muerte, no sólo las hacen, sino que también se complacen con los que las practican. —Romanos 1:28 – 32

En La Biblia de las Américasa las palabras se complacen estan dadas como dan su aprobación a los que las practican. La palabra aprobar es sinónima de consentir. – Y esto puede suceder que usted o yo tengamos suficiente fuerza de carácter y amor por la justicia para no practicar o no hacer las obras malas, pero… ¿qué de nuestra aprobación o consentimiento de los “que las practican”? Aquí es donde a veces podemos fallar.

 


No hablar en contra del mal


Seguramente que a todos nos debería interesar saber si somos consentidores de las malas obras, o no lo somos. No podemos negar que si no en una circunstancia, o en otra, la gran mayoría, por no decir todos, hemos sido o estamos siendo culpables de esta mala actitud, ya sea en el hogar o en la iglesia

Ahora surge la pregunta: ¿Cómo consentimos? Bueno, una de las maneras más común de ser consentidores de una obra mala es, simplemente rehusar oponernos, no hablar en contra de tal obra, y esto sucede muchas veces, porque tememos vernos envueltos en problemas y porque dizque no queremos enemistarnos con las personas que practican las obras malas.

Les damos por su lado para no ofenderles. Nuestro silencio o el hacernos ignorantes (el yo no sé nada) en tales casos es señal de consentimiento del mal que esté siendo practicado en nuestra presencia, y seremos culpables ante Dios. Para comprender eso basta que demos una consideración a lo que dicen las Escrituras Sagradas en—

Cuando yo dijere al impío: De cierto morirás; y tú no le amonestares ni le hablares, para que el impío sea apercibido de su mal camino a fin de que viva, el impío morirá por su maldad, pero su sangre demandaré de tu mano. Pero si tú amonestares al impío, y él no se convirtiere de su impiedad y de su mal camino, él morirá por su maldad, pero tú habrás librado tu alma.

Si el justo se apartare de su justicia e hiciere maldad, y pusiere yo tropiezo delante de él, él morirá, porque tú no le amonestaste; en su pecado morirá, y sus justicias que había hecho no vendrán en memoria; pero su sangre demandaré de tu mano. —Ezequiel 3:18-20

 


En los hogares, por ejemplo, es común oír a ciertos padres referirse a alguno de los hijos como: el consentido de la familia (generalmente es el mayor o el menor). Gran daño se les hace a esos hijos consentidos, además de la vergüenza que causan a sus padres consentidores. No en vano dice el proverbista— La vara y la corrección dan sabiduría; Mas el muchacho consentido avergonzará a su madre (Proverbios 29:15). En relación con esto, el caso del sacerdote Elí sirve para amonestarnos. Notemos lo que Jehová dijo—

Aquel día yo cumpliré contra Elí todas las cosas que he dicho sobre su casa, desde el principio hasta el fin. 13 Y le mostraré que yo juzgaré su casa para siempre, por la iniquidad que él sabe; porque sus hijos han blasfemado a Dios, y él no los ha estorbado. —I Samuel 3:12-13,

Padres o madres, si algunos de sus hijos o hijas comienzan a andar en el camino de la maldad, en borracheras, drogadicción, fornicación, adulterio, lesbianismo, homosexualismo, “raterismo” (robando) o cualquier otra delincuencia, no toleremos, no consintamos a los hijos o hijas en sus maldades. Alcemos la voz y hagámosles saber que deben arrepentirse para que no sean condenados por Dios en el día del juicio final. Leamos el siguiente pasaje—

¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones, 10 ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios. —I a Corintios 6:9-10


Este artículo fue publicado en el boletín el Restaurador, 1975. En esta segunda edición está más extendido.

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