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Adarme de Maldad

Cualquier defecto natural, cualquier hábitome,

el signo de un defecto

»David escribió una carta,
y la envió por mano de Urías« —2  de Samuel 11:14

 

 

HAY ocasiones en que nos sorprendemos por los giros filosóficos repentinos e inesperados de Shakespeare. Sin embargo, eso es parte de la magia Shakespeariana. Además de entretenimiento, o intriga, o hilaridad, aquí hay algo más. De hecho, las famosas palabras, ser o no ser, nos dan entrada a esa cuestión filosófica. Contrario a interpretaciones populares, Hamlet no está discutiendo el suicidio, más bien lo que discute es el significado de la vida y la lucha contra la maldad. En este artículo estaremos analizando las palabras desde un escenario diferente. 

Adarme de mezcla, escena bien conocida en Hamlet nos ofrece un sensible giro filosófico de las funciones internas del mal. La discusión es breve, apenas unas cuantas líneas, pero aun siendo pocas, nos muestran profundidades invisibles acerca de la corrupción del alma y de todo lo que ésta toca.

En la obra, el telón de fondo de este giro filosófico, es un festival de borrachos en que abrumadoramente participa la corte real. Horacio, estudiante universitario de Hamlet, está sorprendido por el libertinaje que se desarrolla ante sus ojos; “¿qué significa ese ruido, señor, se acostumbra eso aquí?” Hamlet responde que sería más decoroso quebrantar esa costumbre que seguirla. La frase adarme de mezcla, viene al final de la contestación de Hamlet a Horacio. En medio de la conversación se pueden ver breves vislumbres de la naturaleza insidiosa de este mal. Pero nuestro enfoque es en el significado inmediato de las palabras adarme de mezcla.

Sin duda, adarme de mezcla, es una frase desconcertante con una sintaxis igualmente desconcertante. Sin embargo, la ambigüedad de la expresión parece ser deliberada. Las palabras pueden parecer elusivas, pero el contexto está suficientemente claro. Lo que dice Hamlet, sea lo que sea, debe estar relacionado con la pregunta de Horacio. Dado el contexto del festival de borrachos, adarme de mezcla, probablemente debe entenderse como una copita de licor mezclado con maldad.  (Nota: el inglés antiguo eale lleva el sonido indeterminado de ale, licor, y ail, mal. De ahí la traducción mezcla). Aparentemente Shakespeare quiere que en una palabra (mezcla) oigamos dos, licor y maldad. En el consumir licor, Horacio veía también el consumir maldad. Es obvio que el licor y la borrachera van juntos, no así la insidia de la mal.

El problema no era el hecho de ingerir el licor. La intoxicación resultante y la irracionalidad que le acompaña, son solo símbolos de algo más siniestro. Así como el ingerir licor, un adarme o pequeño trago de maldad, deposita corrupción dentro del hombre. Así como lo que comemos y bebemos se transforma en lo que somos, un adarme de maldad causa el mismo efecto. La maldad opera desde el interior; sus principios son solo un adarme. De una bellota crece un roble. De un adarme crece una  ruina vil.

En otro sitio leemos acerca de la sed de maldad, de la iniquidad siendo bebida con avidez, tan naturalmente como si fuera agua (Job 15:16). A semejanza de un náufrago que bebe agua del mar, su sed nunca se apaga. Y entre más agua salada bebe, su sed empeora hasta que viene el colapso de la locura. El bien conocido estribillo de Coleridge, agua, agua por doquier, nos describe esta escena en su Rima del Viejo Marinero, el intolerable lastre que pende de su cuello—

Y un millón de millones de cosas repugnantes
Seguían vivas – como yo.

Miré hacia el mar putrefacton,
Y al instante retiré los ojos;
Miré hacia la cubierta fantasma,
Y allí yacían los muertos.

Agua, agua, por doquier,
Ni una gota para beber.


Ya una vez dentro de nosotros, la maldad que hemos ingerido, comienza a podrir nuestras almas. Es como beber agua del mar. Al principio, el daño parece ser imperceptible, es  gradual, poco a poco corroe el alma, un mero adarme de maldad. Así como el alma está escondida dentro de nosotros, la corrupción ejecuta  su daño de manera inadvertida y en silencio. Quizá fue solo un sorbo, pero ese pequeño sorbo de maldad que ingerimos, da principio a un innegable destino horrendo. “Un poco de levadura leuda toda la masa(Gal. 5:9). No es mucho lo que el veneno de la corrupción necesita para arraigarse.

Puede que la degradación tenga pequeños principios, pero siempre corroe desde adentro. Otras frases usadas por Hamlet, nos describen de igual manera la insipiencia inadvertida de la maldad. Con más detalle le explica a Horacio que el mal principia como un lunar, o mancha externa. Como una viciosa marca de nacimiento, un pequeño defecto que eventualmente mina las defensas del hombre y aun sus virtudes—

 Cualquier defecto natural en ellos, sea de su nacimiento…
Desorden ocurrido en su temperamento,
Que muchas veces rompe los límites y reparos de la razón…
Cualquier hábito que se aparta demasiado…llevando estos hombres-
El signo de un solo defecto
Sus virtudes fuesen tantas- y tan puras como la bondad…
Serán no obstante, amancilladas por aquel único vicio. . . . (I.iv.24-35)

 

 

 

David and Betsabé

Esta noción del mal que destruye el bien que hayamos podido hacer en la vida, puede ser fácilmente identificada en el relato de David y Betsabé. Su aventura ilícita no solo lo llevó a un mal por demás abominable, sino que también empañó todo lo bueno que David hizo en su vida. Se admite que David, valientemente confesó su pecado y se hizo responsable del mal que había hecho, pero este solo defecto de carácter, lo siguió por todos los días de su vida, hasta su muerte. El adulterio con Betsabé cambió su vida y puso en movimiento un curso de maldad que hubiera sido impensable solo unos días antes. Recordamos a David como el joven que mató a Goliat. Recordamos a David como el hombre que mostró nobleza hacia un indigno Saúl. Recordamos a David por sus palabras, “El SEÑOR es mi pastor.” También recordamos a David por su adulterio con Betsabé. De hecho, para muchos, es más fácil decir, David y Betsabé, que David y Goliat. Cuando pensamos en David, no podemos dejar de pensar también en Betsabé.

El lenguaje y los detalles de esta aventura adúltera son relatados en un tono superficial y frío. Con excepción del breve duelo de Betsabé por su esposo muerto, no hay emoción humana alguna.

David ve a una mujer desnuda en la noche. Demanda su presencia, comete adulterio con ella y más tarde manda matar a su esposo en la guerra en un esfuerzo por cubrir un embarazo no deseado. Es cierto que las Escrituras con frecuencia describen las fallas de una persona de manera objetiva, relatando lo bueno y lo malo que la persona puede haber hecho. Parafraseando a Cromwell, los buenos y los malos, todos por igual, están en la historia. Nada es encubierto..

Sin embargo, en la historia de David y  Betsabé, el incidente pudo haber llevado una buena carga de algo de pasión y de momentos de pánico. Sin embargo, el récord sagrado omite notablemente la emoción de la narrativa. Aun la lujuria de David por Betsabé se hace impersonal, distante, y sin sentimientos. Una lectura superficial de los pormenores de la historia, hace más aparente el tono superficial—




 

La Narrativa del Adulterio 2 Samuel 11:1-27
David se quedó en Jerusalén. 2Y sucedió un día, al caer la tarde, que se levantó David de su lecho y se paseaba sobre el terrado de la casa real; y vio desde el terrado a una mujer que se estaba bañando, la cual era muy hermosa.4Y envió David mensajeros, y la tomó; y vino a él, y él durmió con ella. Luego ella se purificó de su inmundicia, y se volvió a su casa.5Y concibió la mujer, y envió a hacerlo saber a David, diciendo: Estoy encinta. 6Entonces David envió a decir a Joab: Envíame a Urías heteo.

8Después dijo David a Urías: Desciende a tu casa.  9Mas Urías durmió a la puerta de la casa del rey con todos los siervos de su señor, y no descendió a su casa.

14Venida la mañana, escribió David a Joab una carta, la cual envió por mano de Urías.

18Entonces envió Joab e hizo saber a David todos los asuntos de la guerra. . . . 23Y dijo el mensajero a David: Prevalecieron contra nosotros los hombres, y murieron algunos de los siervos del rey; y murió también tu siervo Urías heteo..

26Oyendo la mujer de Urías que su marido Urías era muerto, hizo duelo por su marido.  27Y pasado el luto, envió David y la trajo a su casa; y fue ella su mujer, y le dio a luz un hijo.  Mas esto que David había hecho, fue desagradable ante los ojos de Jehová..

 

 

 

Sinopsis Literaria

Por el relato sabemos que Betsabé hizo duelo por su marido, y que el SEÑOR estaba disgustado por la forma en que David actuó. Además de estas dos referencias pasajeras a lo emocional, nada es dicho. Betsabé es mencionada por nombre solamente una vez al principio de la narración. Todas las demás referencias a ella son impersonales: “una mujer que se bañaba,” “y la mujer concibió,” “la mujer de Urías,” “envió David y la trajo a su casa; y fue ella su mujer.” Puede ser que el tono impersonal nos lleve a pensar que Betsabé se sometió a David porque no tuvo otra alternativa. Después de todo él era el rey y como tal, tenía autoridad absoluta. Sin embargo, el texto sagrado sugiere algún sentido de disposición por parte de Betsabé. David envió por ella, y “vino a él, y él durmió con ella.” (2 Samuel 11:4). Betsabé no simplemente entra a la recámara del rey, más bien ella “vino a él.” Aquí la implicación es importante. La cláusula independiente que sigue, nos describe el adulterio en sí mismo, “y él durmió con ella.” La sintaxis es bastante intrigante. Es más, usted podría decir que las dos clausulas está unidas en la misma forma en que Betsabé y David se unieron. La lujuria de David la trajo a él, pero algo aparte de la lujuria desnuda la hizo a ella entregarse a David, “y (ella) vino a él.” Desde una perspectiva retórica, la unión de estas dos clausulas forman un chiasmo—

ella vino

a él,

B  y él durmió

A con ella.

Siendo que Betsabé se menciona al principio y al final del relato, se concluye que ella está en la periferia, es decir alrededor de la historia. Ahora, las dos menciones de David están en el centro de la historia. David es pues, el meollo de lo que se está diciendo. Puede que Betsabé haya venido a él, pero la culpa mayor es de él. David la mandó traer. David durmió con ella. David era el rey. El hecho de que ella apele a David por lo de su embarazo, muestra que David tenía el poder, y no Betsabé. El SEÑOR estaba disgustado con David por lo que David hizo.

Pero ahí está la lealtad devocional de Urías marcando un contraste entre la infidelidad de Betsabé y David. Después que fue mandado traer de la guerra, Urías durmió a la puerta de la casa del rey con todos los siervos de su señor. Al abstenerse de su esposa, Urías pregona su compromiso con David y con otros que pelearon en el campo de batalla por David. La posibilidad de no volver a estar con Betsabé por causa de la guerra, era un riesgo del que Urías seguramente estaba consciente. Ni siquiera ese riesgo, ni las turbias maniobras diseñadas por David pudieron disuadirlo. En última instancia, David orquestó la muerte de Urías, pero en la batalla también murieron un buen número de soldados, soldados que, como Urías, también tenían esposas y familias.

Cuando se le comunica a David el trágico final de la batalla, la muerte de Urías el heteo se menciona al último del comunicado. Así es, solo Urías es mencionado por nombre como uno de los muertos en batalla. Como si David solo quería oír que Urías había muerto en el ataque. Aparentemente, a David no le interesaban los demás soldados que también murieron. En otra parte del libro de Samuel encontramos una lista de los valientes hombres de David, y al final de la lista de honor, otra vez encontramos el nombre de Urías el heteo. (2 Samuel 23:39). Urías fue fiel a su esposa. Urías fue fiel a su rey hasta la muerte.

El adulterio endureció el corazón de David. El plan siniestro que implementó, fue para su propio beneficio, no para Betsabé. Hasta este punto, puede ser que David pensaba que todo estaba bajo su control, pero las muertes en batalla de hombres inocentes, apuntaba hacia otra dirección. David pudo planear, pudo conspirar, pudo maniobrar, pero no pudo controlar el curso que el mal tomaría: “Entonces la concupiscencia, después que ha concebido, da a luz el pecado; y el pecado, siendo consumado, da a luz la muerte.” (Santiago 1:15).

Después que Urías murió, Betsabé cumplió los días de luto que la ley divina requería, e inmediatamente después, vino a ser la esposa de David. A menos que se casara rápidamente, su embarazo inesperado, los habría expuesto, a ambos, ella y David, a las críticas. La narrativa no nos dice si alguna vez, David reflexionó sobre lo que había hecho, y por casi un año o más, David vivió una vida aparentemente normal. De los Salmos aprendemos que el pecado de David siempre estuvo delante de él (51:3). A su debido tiempo, Dios mandó a Natán a reprenderlo: “Tú eres aquel hombre . . .  Así ha dicho Jehová: He aquí ya haré levantar el mal sobre ti de tu misma casa” (2 Samuel 12:7, 11).

Tal es la breve sinopsis  del mal que David causó a otro hombre, y de un mal inminente impuesto por Dios en contra de David. Sin embargo, si vemos lo que sucedió desde la perspectiva de un adarme de maldad, quizá podríamos llegar a entender de más cerca, tanto a David como a nosotros mismos. ¿Cómo podríamos explicar lo que sucedió? Puede ser que nos quedemos estupefactos por la rapidez con que sucedieron las cosas. El pecado siempre lleva al hombre más allá de lo que es su intención. Puede ser fácil para nosotros ver las faltas de David, pero es necesario que recordemos que su caída no fue tan única como nos gustaría pensar. “Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios,” (Romanos 3:23).

 

 

 

 

Lectura Literaria Final

Quizá la mayoría de nosotros pensaría que el ver la desnudez de  Betsabé al estarse bañando aquella noche trajo como resultado el adulterio y todo el mal que sucedió después. Es cierto que la pasión del momento le arrebató a David su poder de razonamiento. Deslumbrado por lo que vio, David la deseó. Podríamos descartar todo esto si se tratara nada más de un impulso pasional momentáneo. Si David hubiera volteado hacia otra parte en lugar de quedarse viendo la belleza desnuda de Bestsabé, indudablemente que la historia habrá sido algo muy diferente. La pasión del momento venció a David, y actuó con imprudencia, pero la pasión sola, no es su adarme de maldad.

La mera excitación sensual no puede en sí misma explicar todo el comportamiento imprudente de David. Betsabé puede haber sido muy bella, y puede haber estado desnuda, pero estaba a cierta distancia, alejada de David. Ella estaba fuera del alcance físico de David. Esto significa que entre David y Bestabé hubo tiempo y distancia. Si un deseo irresistible repentino de dormir con ella, inexplicablemente asaltó su mente, David tuvo en su alma un sin número de salidas para escapar de la seducción. No sabía su nombre. No sabía que era casada. No sabía que era la esposa de Urías. Toda esa información seguramente  le hubiera dado a David cuando menos un momento para pensarlo. Además, puesto que David la mandó traer, ahí transcurrió un buen lapso de tiempo. Betsabé no apareció frente a él instantáneamente, como por arte de magia. Un mal pensamiento cruzó por la mente de David por lo que vio, y se dejó vencer. Tuvo suficiente tiempo para pensarlo pero no lo hizo. Es cierto que la locura pasional del momento es parte del adulterio de David, pero no es todo, hubo otras agravantes que propiciaron su adulterio.

Alguien podría argumentar que por el hecho de tener un harén, David padecía de una lujuria irrefrenable. Aceptado, David tenía algunas esposas. San embargo, no hay nada que sugiera un comportamiento licencioso en David. La realidad de las cosas es que David tuvo una aventura con una mujer en una noche. A menos que no leamos bien el texto sagrado, él no durmió repetidamente con Betsabé. Lo que él hizo estuvo mal, pero fue algo que estaba totalmente fuera del carácter de David.

Tampoco el adulterio con Betsabé puede justificarse basados en una necesidad sensual. Reiteramos, David tenía algunas esposas, de manera que el deseo físico, sin importar qué tan fuerte era, pudo haber sido fácilmente aliviado, mitigado. David no estaba en una tierra extranjera miles de millas alejado de una esposa. Tampoco estaba pasando por un mal matrimonio, defraudado por alguna lucha interna con una esposa rencorosa, que lo haya empujado a los brazos de otra mujer. Más bien, David estaba en su hogar, rodeado de un entorno familiar, y en un ambiente protegido. En todo caso, la vida parecía ser algo mundana, y prosaica. Durante el sitio a Rabá, David inexplicablemente se quedó en Jerusalén:

Aconteció al año siguiente, en el tiempo que salen los reyes a la guerra . . . David se quedó en Jerusalén.
—2 Samuel 11:1

La edad de David tampoco explica completamente su adulterio. David probablemente frisaba los cincuenta cuando se encontró por primera vez con Betsabé. Al menos, una cronología de su vida parece sugerirnos algo así. ¿Acaso la desnudez de una mujer joven hizo que David de pronto se diera cuenta de la pérdida de su juventud? Al cometer adulterio con ella, ¿estaba tratando de detener el proceso de hacerse viejo? Después de todo, todos hemos visto los cómicos peinados de un hombre calvo que intenta fútilmente de esconder lo que es obvio. A veces el pelo es partido justo arriba de la oreja y lanzado por arriba de la cabeza en mechones deshilachados. Quizá la joven Betsabé hizo que David se sintiera más joven. En lugar de satisfacer una necesidad física en David, Betsabé pudo haber satisfecho una necesidad sicológica. Esto parece ser bastante aceptable. Aunque, si este fuera el caso, no nos explicamos por qué David se dejó llevar por un capricho. Fuera de la aventura ilícita con Betsabé, no hay nada que sugiera que él estaba enamorado de una mujer más joven. En realidad, si David estaba necesitado de una mujer joven para sentirse más joven, queda sin explicación el por qué necesitó esta particular mujer en esa particular noche. Su adulterio con Betsabé fue un acto descuidado, casi inexplicable. Tales consideraciones nos llevan a una conclusión muy diferente.

El adarme de mezcla, o defecto natural, no comenzó aquella calmada noche de verano. Algo más que simple lujuria ocasionó este adulterio. De hecho, si revisamos las palabras de Natán, ahí se nos da una idea más a fondo del por qué David actuó de esa manera. Dios mira el corazón. Dios entiende lo que pasó y el motivo detrás de lo que pasó. Es de particular interés que aquí el SEÑOR nunca menciona directamente el adulterio. Es algo desconcertante. Sin embargo, lo que Dios sí menciona es el período posterior al adulterio así como también la profunda actitud interior de David. Consideremos las siguientes palabras—

Yo te ungí por rey sobre Israel, y te liberé de la mano de Saúl, y te di la casa de tu señor, y las mujeres de tu señor en tu seno; además te di la casa de Israel y de Judá; y si esto fuera poco, te habría añadido mucho más.

Tuviste en poco la palabra de Jehová, haciendo lo malo . . .  A Urías heteo heriste a espada, y tomaste por mujer a su mujer. . . por cuanto me menospreciaste, y tomaste la mujer de Urías heteo para que fuese tu mujer . . . con este asunto hiciste blasfemar a los enemigos de Jehováblaspheme.
2 Samuel 12:7-10, 14

Dios había hecho rey a David, y lo había protegido de la mano de Saúl, y en respuesta, David menospreció a Dios. Claramente se ve que David tomó la esposa de otro hombre para que fuera su esposa nada más porque él era el rey. David podía hacer lo que le daba la gana. El orgullo se antepone a una caída. David cayó por orgullo antes de caer por Betsabé. Influenciado por las investiduras de ser rey, momentáneamente David hizo a un lado a Dios, y en aquel momento, un adarme de maldad se apoderó de su alma. La maldad creció rápidamente y definitivamente hizo estragos. Después de todo, la soberbia es más destructiva que el adulterio. Sin embargo, el adulterio con Betsabé puso al descubierto un innegable y despiadado ejercicio del poder. Estar capacitado para manejar el poder absoluto puede corromper a cualquier hombre, y en este sentido, David no fue la excepción. David estaba siguiendo los pasos de su inestable predecesor, Saúl. Saúl había intentado mantenerse como rey aun cuando Dios lo había rechazado. El poder del deseo de permanecer siendo rey eventualmente lo llevó a la locura y a una creciente desesperación. Su obsesión por matar a David fue tanto como fue obsesión una afrenta hacia Dios. Dios rechazó a Saúl, pero Saúl tenía otros planes. Saúl sería rey pasara lo que pasara. La ambición de poder lo controlaba sobremanera. David, por supuesto, nunca evidenció la obsesión de Saúl, pero su adulterio sugiere alguna otra cosa aparte de adulterio.

Consideremos la narrativa dicha por Natán. David estaba indignado por lo que él creyó que era un caso legal presentado ante él para que lo juzgara. La historia que evoca la famosa línea, Tú eres ese hombre, es la historia de dos hombres, uno con mucho ganado y el otro con nada más una ovejita. David era el hombre con abundancia; Urías, el hombre con una ovejita que dormía en su seno y bebía de su propio vaso. Comparado con David, Urías tenía muy poco en la vida, pero amaba profundamente a Betsabé. Ella era todo lo que tenía. David no se había enamorado de Betsabé y luego, más tarde, comete adulterio. David vio a Betsabé, la mandó traer, y la tomó para que fuera su esposa a costo de la vida de Urías. La historia que Natán le contó a David, tiene un toque de extrema crueldad. David explotó al percibir la desfachatez del escenario descrito—

As the Vive Jehová, que el que tal hizo es digno de muerte . . . porque hizo tal cosa, y no tuvo misericordia.                                 —2 Samuel 12:5, 6

La ironía aquí es que David ordenó la ejecución de un hombre acusado de un delito, sin saber siquiera su nombre, y sin  haber oído su defensa. Lo sentenció a muerte  sin haber una audiencia judicial previa en la que se expusieran  los hechos del caso. Luego pronuncia un veredicto irrevocable acompañado de un juramento: ¡Vive Jehová! Llama la atención que David impulsivamente hizo un juramento al igual que cuando impulsivamente tomó a Betsabé unos meses antes. Todo indica que David era un hombre muy impulsivo. No hay que olvidar cuando mató al gigante Goliat. En ninguna de estas instancias hizo David una pausa para calcular lo que estaba haciendo. Como lo anotamos antes, el adulterio de David con Betsabé es descrito con un aire distante, de indiferencia, y sin importancia. Como la máxima de Cesar – veni, vedi, veci, David vino, David vio, David conquistó.

La presunción ha destruido muchas almas. Como ya lo mencionamos, Saúl, por ejemplo, no pudo permitirse abdicar a la corona aun cuando Dios lo había destituido como rey. El poder de gobernar estaba tan adherido a su alma que no lo podía soltar. Saúl estaba muy consciente de que un desastre inminente le esperaba. Aparentemente, él no pudo cambiar el curso de las cosas. Una vez que saboreó el poder absoluto, no pudo regresar a vivir una vida tranquila. En el caso de David, de algún modo entendemos su aventura con Betsabé como debilidad humana. No es cuestión de condonar a David, sino más bien, se puede comprender como un hombre se puede envolver con una mujer. En cambio, en el caso de Saúl encontramos algo muy diferente. La lujuria por el poder es un mal espiritual, y por eso, mucho más diabólico y ruinoso, Si la lujuria de la carne es un pecado de la carne, la lujuria por el poder es un pecado del alma.

Nos equivocamos si pensamos que los dos regímenes no están de alguna manera interconectados. La lujuria de la carne puede diferir del orgullo de la vida, pero los dos comparten un vínculo común. En los dos casos, el resultado final es la corrupción del alma. Tampoco debemos suponer que el adulterio y la lujuria por el poder, son mutua y necesariamente exclusivos. En realidad, hay hombres que cometen adulterio como una demostración de crudo poder sobre otro ser humano. De alguna manera enrevesada y malevolente, tales hombres encuentran gratificación sabiendo que han quebrantado el corazón de una mujer, han destruido su matrimonio, y se han burlado de su esposo. David no era un hombre con inclinaciones de causar dolor. Su adulterio sucedió más bien como resultado de un capricho irrefrenable y no por alguna otra cosa. David mandó traer a Betsabé y fácilmente la despidió cuando terminó con ella. Como rey, David ejerció el poder absoluto, poder que la sagrada Escritura describe en términos muy escalofriantes—

He él hará todo lo que quiere. Pues la palabra del rey es con potestad, ¿y quién le dirá: ¿Qué haces?  — Eclesiastés 8:3, 4

Cuando Natán reprendió a David, lo hizo a riesgo de su propia vida.

Este vínculo entre adulterio y lujuria por el poder, con seguridad lo podemos ilustrar de la siguiente manera: En una revista de México apareció, hace ya algún tiempo, meses quizá, un artículo relacionado con este tema. El artículo viene ilustrado con algunas fotografías donde se pueden ver algunos hombres a la entrada de un prostíbulo, humillando de manera por demás cruel a algunas mujeres. Las prostitutas intentan con desesperación cubrir con sus manos sus desnudos pechos. Los hombres les levantan las cabezas con algo de violencia para que la cámara capte los rostros, exactamente como lo haría un cazador de animales que muestra orgullosamente su pieza de caza. Las mujeres están avergonzadas, los hombres, gozando de la humillación que están infligiendo—

Me volví y vi todas las violencias que se hacen debajo del sol; y he aquí las lágrimas de los oprimidos, sin tener quien los consuele; y la fuerza estaba en las manos de los opresores, y para ellos no había consolador. —Eclesiastés 4:1

Los hombres de la foto intentaban humillar aquellas mujeres lo más que se pudiera. Querían mostrar al público sus caras para borrar toda esperanza de un matrimonio respetable. Compraron las mujeres como si fueran comida que se sirve en platillos desechables. Habiendo ya satisfecho el hambre, lanzan con desprecio el plato a la basura.

Es a favor de David que él nunca mostró la crueldad de aquellos despreciables. Es a favor de David que cuando Natán lo reprendió, él confesó su pecado, nunca culpó a otros, nunca se excusó por el daño que causó. Es a favor de David que nunca se quejó, ni siquiera una vez, del castigo divino que se le impuso. A diferencia de Caín, David nunca dijo: “Grande es mi castigo para ser soportado.” (Génesis 4:13). La historia de David es la historia de un hombre bueno que se equivocó. Es la historia de esperanza para cualquier hombre. David es descrito como un hombre conforme al corazón de Dios, que hacía todo lo Dios le mandaba,  por una buena razón. Nunca se nos dice cuándo Dios hizo esa declaración, si fue antes del adulterio, o después. Eso está encubierto para nosotros. Lo que no está encubierto es la historia de la caída de David y del Dios que no ignoró lo que David había hecho, bueno o malo.




“Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado;
Al corazón contrito y humillado,
No despreciarás tú, oh Dios.”

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