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El León

 

El León de la tribu de Judá

ha vencido —

“He llegado,” dijo una profunda voz detrás de ellos.
Voltearon y vieron al León —
C. S. Lewis

SIN DUDA alguna, la escena que describe a Don Quijote retando un león es memorable y cómica. En efecto, en esta singular aventura, Don Quijote ordena que se abra la jaula del león con el fin de que como caballero-errante, pudiera retar la ferocidad y la valentía de la bestia. Al menos es así como Don Quijote se ve a sí mismo en esta inverosímil escena.

Sin embargo, a otros en la escena se les atribuye una vision muy diferente, de hecho, el carretero comprensiblemente duda a la orden de detener el carro y abrir la jaula. Hay un peligro aun mayor que el de los leones; el carro lleva banderas reales, lo cual indica que lo que hay en el carro, es propiedad del rey, los leones eran un regalo para él. No obstante, el claro peligro de confrontar al rey, es ignorado, o al menos, puesto lejos del fondo de la discusión. La amenaza inmediata son los leones que están por ser liberados de las jaulas..

“¿Son grandes lo leones?” pregunta Don Quijote, aparentemente en una demostración determinada de resolución y ridícula intención. Por su parte, Sancho Panza ruega con lágrimas en un intento de contrarrestar la insensatez de Don Quijote – “Estos son leones reales, no como los molinos de viento.” Don Quijote, tercamente no se deja persuadir de llevar a cabo su intención. Está determinado a retar al rey de las bestias en un burlesco duelo.

El carretero rápidamente pone a sus burros a una distancia segura mientras que Sancho Panza también se coloca fuera del alcance de cualquier león y se aleja de la posible muerte de Don Quijote. Solo el leonero permanece cerca pues debe abrir la jaula, y también él trata en vano de persuadir a Don Quijote, pero sucumbe a las persistentes demandas y amenazas de Don Quijote. Sin embargo el león se mantiene totalmente ajeno y desinteresado durante la escena —

El leonero abrió la primera puerta, y lo primero que hizo fue revolverse en la jaula, donde venía echado, y tender la garra, y desperezarse todo; abrió la boca y bostezó muy despacio. Sólo, Don Quijote lo miraba atentamente, deseando que saltase ya del carro.

El generoso león, más comedido que arrogante, no haciendo caso de niñerías ni de bravatas, después de haber mirado a una y otra parte, como se ha dicho, volvió las espaldas y enseñó sus traseras partes a Don Quijote, y con gran flema y remanso se volvió a echar en la jaula —Segunda parte, capítulo xviii

Enseguida Don Quijote mandó al leonero a golpear al animal con un palo para provocarlo a que peleara. El leonero rehusó hacerlo, arguyendo que si lo hacía, el león lo atacaría a él, no a Don Quijote; este razonamiento parece aplacar al decidido Don Quijote y la aventura termina para alivio de todos, y quizá para el león también.

Don Quijote, aparentemente nunca se dio cuenta del inminente peligro que casi había confrontado. A pesar de sus grandes ideales y la lectura de todos sus libros, Don Quijote no era un contrincante a la altura de un león. Afortunadamente el león entendió lo que Don Quijote no pudo entender: El pragmatismo se impuso al idealismo. Por fortuna el león prefirió tomarse una siesta en lugar de combatir.

 

Un león, por supuesto, no es una bestia para ser confrontada ni siquiera con un palo. Sansón tuvo la fuerza de parte de Dios para destrozar un león, pero tal fuerza física es algo que Dios no nos ha dado; el león es formidable, majestuoso, y magnífico; sus movimientos sugieren poder y dignidad. A travez de los siglos el león ha sido considerado un símbolo de raleza, de fuerza, de elgancia, de poder. Los antiguos Asirios describían al león como un grifo con alas de águila y cabeza humana; tales imágenes eran llamada lamassu y eran símbolos del poderío y ferocidad del Imperio Asirio. El palacio de Assurbanipal estaba custodiado en su entrada por un par de enormes rocas lamassu. Una porción de la inscripción en el monumento contiene estas palabras—

Bestias de las montañas y de los mares, que he formado de piedra blanca y alabastro, las he colocado en sus puertas. Lo hice (el palacio) adecuadamente imponente.

Sin lugar a dudas la imagen de un lamassu Asirio es una imagen de majestuosidad así como también de crueldad bruta. De hecho, en las Sagradas Escrituras Amós nos habla de la inminente caída de Samaria a manos de los Asirios —

Oíd estas palabras, vacas de Basán, que estáis en el monte de Samaria, que oprimís a los pobres y quebrantáis a los menesterosos, que decís a vuestros señores: Traed y beberemos. Jehová el Señor juró por su santidad: He aquí, vienen sobre vosotros días en que os llevarán con ganchos y a vuestros descendientes con anzuelos de pescador

Por tanto, de esta manera te haré a tí, oh Israel; y porque te he de hacer esto, prepárate para venir al encuentro de tu Dios, oh Israel —Amós 4:1, 2, 12

El monarca Asirio Salmanasar vino justo como el Señor lo había dicho, y los Asirios destruyeron completamente Samaria y deportaron sus habitantes; el sitio duró algunos tres años. Los Asirios fueron famosos por su brutalidad, y esa brutalidad cayó con fuerza absoluta como el ataque violento y sin freno de un león: “Jehová quitó a Israel de delante de su rostro, como él lo había dicho por medio de todos los profetas sus siervos” (2 Reyes 17:23). La increíble crueldad y fuerza había sido desatada. Las gentes fueron literalmente sacadas con anzuelos de pescador en sus bocas; otros fueron atravezados sobre estacas en posición vertical, cuerpo sobre cuerpo fuera de la ciudad caída. La escena fue dantesca y de completa destrucción; carnicería y cuerpos regados por todas partes..

Lenguaje similar nos advierte de nuestra confrontación en contra de Satanás—

Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar —1 Pedro 5:8

Ningún hombre jamás puede competir de igual a igual con Satanás ya sea que el ataque venga como envidia, o el abuso de drogas, o juegos de azar, o lascivia. La historia siempre es la misma, y el final siempre es cruel y violento; es mucho mejor poner nuestra confianza en el León de Judá y no en el león del infierno. A diferencia del león en Don Quijote, el león del infierno no duerme ni bosteza de sueño; el diablo nunca duerme.

Todo león debe ser temido. Sin embargo, a veces, tal temor es mucho más peor de lo que nos debemos permitir. Don Quijote puede haber permanecido sin temor, pero podemos paralizarnos aun cuando no haya un león presente. Un ejemplo claro es el haragán, se niega a trabajar porque un león lo podría matar en la calle, y con frecuencia se queja de que todos están en su contra y que no tiene posiblidad de mejorar —

Dice el perezoso: El león está fuera; seré muerto en la calle —Proverbios 22:13

Hay un león en la calle, para el holgazán es solo una argucia, una excusa para justificar su pereza y falta de carácter. Es posible que haya algo de peligro en la calle, pero seguramente no un león; la razón de su holgazanería no es algo externo a él mismo; su reclamo de que hay un león en la calle pude ser cómico, pero realmente su vida es patética; puede mejorar, pero no lo hace, mientras tanto, se la pasa culpando a otros de la dirección que ha tomado su vida.

Puesto de manera simple: Le teme al miedo. No se puede mover porque el temor lo paraliza; todos hemos visto gente así. La vida para ellos es tan crítica que piensan que el gobierno debe alimentarlos. Otros controlan sus propias vidas, ellos son solo víctimas atrapadas por gentes que ni siquiera los conocen. La vida de esta clase de gente está en crisis porque temen hacer algo para mejorar; ¡hay un león en la calle! Tales personas necesitan más de Don Quijote y menos de que cualquier gobierno fomente ese sentido de dependencia y derecho a ser mantenidos. La causa de mis problemas no es usted, y ningún gobierno es la solución; el cambio necesita venir de adentro, no de afuera.

Aun en una escala menor a veces nos vemos actuando como si hubiera un león a nuestra puerta, esperando que abramos para arriesgarse a entrar. Un hombre desea aprender a navegar en el mar, pero no puede porque su vida es muy dura. Otro desea aprender a tocar guitarra, pero hay algo que, vaya usted a saber qué es, y no lo hace; otro puede estar pensando en ir al colegio, pero tiene miedo inclusive de tratar de hacerlo. Un joven se encuentra desesperadamente enamorado de una mujer, pero tiene miedo de hablar con ella, y ésta termina casándose con otro. Mucha gente cree que no puede mejorar porque hay un león en la calle cuando la realidad es otra, se puede mejorar, y mucho más de lo que se piensa, pero prefieren vivir una vida de miseria y vergüenza. El hecho es que necesitamos cambiar nuestra perspectiva, la solución no es más dinero, así como tampoco lo es más gobierno.

El hombre no necesariamente tiene que ser rico para gozar la vida, o para sonreír, ni tampoco está destinado por Dios para permitir que la carga de la vida lo derrote; un hombre puede enfrantar las luchas de la vida, sin embargo, el resultado final depende de él mismo; Dios no tiene la culpa de cómo enfrentamos al león de nuestros problemas; de hecho, las luchas que enfrentamos en la vida son algunos de nuestros mejores momentos en la vida; nunca debemos descartar o desdeñar las cosas simples de la vida. No necesitamos más dinero cuando el carácter dentro de nosotros es lo que está faltando. Un plato de sabrosos frijoles es una de las mejores comidas que alguna vez podemos comer; nada se puede comparar con el amor de una buena mujer quien es nuestra esposa. No hay mayor bendición que nuestros propios hijos. No hay riqueza que pueda comprar la vida o el amor.

En ocasiones desperdiciamos la vida que Dios nos ha dado por causa de nuestro temor o nuestra negligencia, ya sea imaginaria o real. Considere la razón por la que algunas gentes nunca se hacen Cristianos; temen al león que está en la calle; sus familias no lo aprueban; o sus amigos pueden no estar de acuerdo, de manera que permanecen donde están gozándose en una vida desperdiciada y la pérdida del alma además, siendo ésta la mayor pédida de todo. Agripa fue casi persuadido, pero ese “casi” nunca cambió a “ahora” o a “inmediatamente.” Pablo le predicó fervientemente para que cambiara su vida, pero el león en la calle lo mantuvo inmovible y sin persuadir —

¿Crees, oh rey Agripa, a los profetas? Yo sé que crees —Hechos 26:27

Muchos han vivido como Agripa, casi persuadidos pero congelados por el temor o por las tentaciones de la vida. Quizá ese fue el león en la calle para Agripa; quizá fue alguna otra cosa. Una cosa es cierta; El León de la tribu de Judá ha venido. Este León ha rugido fuerte. Este León ha vencido. Este León está en la calle y le da la bienvenida a un nuevo principio y a una vida con Dios.

Traducido por E. Spencer


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