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Sermon


San Antonio, Texas
Un Sermon—

Noviembre 10-13, 2011





L A SERIE de predicaciones que se llevó a cabo en San Antonio, Texas, con la iglesia de Cristo que se reúne en 921 Burton Ave./Cantrell, durante Noviembre 10-13, 2011, dice el hermano Bruno Jimenez que fue de edificación; la iglesia fue edificada, aunque no hubo bautismos, ni restauraciones.

Hubo visitantes, no miembros de la iglesia y también miembros de la iglesia que vinieron de otras congregaciones: PanAm, 230 Lee St. y de Atascosa. Los 12 miembros de la iglesia en 921 Burton Ave., asistieron fielmente todas las noches, igualmente algunos de los jóvenes que no están bautizados todavía.



Regocijaos




La introducción al primer sermón de la serie de cinco fue: Aunque los cristianos pasamos a veces por sufrimientos, debemos siempre tener regocijo. El apóstol Pablo escribió a los hermanos filipenses: “Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez digo: ¡Regocijaos! (4:4). En Filipenses 2:25-30, Pablo menciona el caso de Epafrodito, quien “gravemente se angustió porque habíais oído que había enfermado. Pues en verdad estuvo enfermo, a punto de morir; pero Dios tuvo misericordia de él, y no solamente de él, sino también de mí, para que yo no tuviese tristeza sobre tristeza.”  Luego tenemos el caso del joven Timoteo, a quien Pablo le dice: “Ya no bebas agua, sino usa de un poco de vino por causa de tu estómago y de tus frecuentes enfermedades.” (I a Timoteo 5:23).

 No solamente sufrieron enfermedades, pero también tuvieron persecuciones, pues Pablo dice en    II a Timoteo 3:10-12: … “Y también todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús padecerán persecución.” Cristo había dicho cuando habló de las bienaventuranzas: “Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos. Gozaos y alegraos, porque vuestro galardón es grande en los cielos;” (Mateo 5:10-12). Los apóstoles sufrieron encarcelamientos y azotes, pero notemos lo que dice en Hechos 5:40-41: … “y llamando a los apóstoles, después de azotarlos, les intimaron que no hablasen en el nombre de Jesús, y los pusieron en libertad. Y ellos salieron de la presencia del concilio, gozosos de haber sido tenidos por dignos de padecer afrenta por causa del Nombre.”


Hermanos, ¡REGOCIJAOS!, o como dice en la versión Hispano-americana: “GOZAOS”. Este es el tema de esta noche. Consideremos algunas razones por qué debemos estar gozosos:


I.                   Los cristianos debemos regocijarnos por la salvación que obtenemos cuando venimos a la obediencia del evangelio. Tenemos el ejemplo del eunuco etíope (Hechos 8:37-39); el del carcelero de Filipos (Hechos 16:34). Y esto sucede porque al obedecer el evangelio, nuestros pecados son perdonados, o lavados por la sangre de Cristo: “Sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, 19) sino con la sangre preciosa de Cristo,…” (I de Pedro 1:18-19). “…Al que nos amó , y nos lavó de nuestros pecados con su sangre,…” (Apocalipsis 1:5).


II.                 Los cristianos nos regocijamos porque nuestros nombres están inscritos en los cielos en el libro de la vida. Cristo habló de eso en Lucas 10:17-20: 20) “Pero no os regocijéis de que los espíritus se os sujetan, sino regocijaos de que vuestros nombres están inscritos en los cielos.”. El apóstol Pablo también les dijo a los filipenses: “Asimismo te ruego también a ti, compañero fiel, que ayudes a éstas que combatieron juntamente conmigo en el evangelio, con Clemente también y los demás colaboradores míos, cuyos nombres están en el libro de la vida.”  (4:3). En el libro de Apocalipsis también se habla de esto: (20:15; 3:5): “El que venciere será vestido de vestiduras blancas; y no borraré su nombre del libro de la vida, y confesaré su nombre delante de mi Padre, y delante de sus ángeles.”

III.             Los cristianos nos gozamos porque ahora tenemos una esperanza, que significa: “El deseo con la expectación de recibir algo.” – ese deseo vendrá a ser una realidad como nos dice el apóstol Pablo en Romanos 8:24-25; 12:12 y 5:2-3. Léalos por usted mismo, si gusta. En Tito 1:2-3 el apóstol Pablo escribió: “en la esperanza de la vida eterna, la cual Dios, que no miente, prometió desde antes del principio de los siglos…” – Y en Colosenses 1:3-5: “Siempre orando por vosotros, damos gracias a Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, habiendo oído de vuestra fe en Cristo Jesús, y del amor que tenéis a todos los santos, a causa de la esperanza que os está guardada en los cielos, de la cual ya habéis oído por la palabra verdadera del evangelio,”. – Cuando estábamos en el mundo, alejados de Dios, muertos en nuestros delitos y pecados, no teníamos esta esperanza. Como dice en Efesios 2:12, “En aquel tiempo estabais sin Cristo, alejados de la ciudadanía de Israel y ajenos a los pactos de la promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo.”


IV.             Y para cerrar, nosotros los cristianos nos gozamos también, como los ángeles en el cielo, cuando vemos a personas que se arrepienten y vienen a la obediencia del evangelio. Cristo dijo: “Os digo que así habrá más gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente,…”, “Así os digo que hay gozo delante de los ángeles de Dios por un pecador que se arrepiente.” (Lucas 15:7,10). También cuando algún hermano o hermana que se descarrió vuelve arrepentido(a) al camino de Dios, como el caso del hijo pródigo que Cristo menciona en Lucas 15:17-24. – Pablo dijo que aquellos a  quienes les predicó el evangelio, y fueron obedientes, fueron su gozo y corona, y les instaba a que estuvieran firmes en el Señor (Filipenses 4:1). Hermanos debemos preocuparnos en traer a otros a los pies de Cristo.


V.                Amigos, que escuchan (o leen este mensaje), les invitamos  que obedezcan el evangelio y tengan este gozo que tenemos los cristianos. Debemos creer en Cristo (Hebreos 11:6), arrepentirnos de nuestros pecados (cambiar de mente, comenzar a servir a Dios), confesar con nuestra boca que creemos en Cristo y ser bautizados (Hechos 2:38; 8:36-38; Romanos 10:9-10).  – (Cantemos el himno de invitación # 73).

Roberto V. Spencer

 

Este fue el primer sermón con que abrimos la serie de predicaciones. Quizás después escriba sobre los cuatro temas que expuse en esa semana.

 



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