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Cuando Nuestro Cielo Se Nubla

La hora antes del amanecer es

la más oscura —


De todas las palabras tristes, habladas o escritas—

“Pudiera haber sido” son las más triste—John Greenleaf Whittier



CUANDO la vida viene y nos tritura por todos lados, no es inusual que  nos encontremos desprovistos de solución alguna. Tal vez culpemos a otros. Tal vez nosotros mismos somos culpables. Inclusive quizá culpemos a Dios; pero, independientemente de lo que hagamos, independientemente de a quien culpemos, nada puede regresarnos a un hijo muerto. La puerta está  cerrada.

Todos conocemos ese sentimiento, aun los que nunca hemos tenido que sepultar a un hijo o a una hija. Nuestra inexplicable desgracia puede haber sido por algo tan común como la pérdida del trabajo, o tan común como el rechazo de alguien a quien amamos y en quien confiamos. Un divorcio puede ser devastador especialmente para la parte que no deseaba que el matrimonio fracasara. Nadie queremos que nos digan que no somos suficientemente buenos.

Hay momentos en que negros nubarrones se posan sobre nosotros y la tristeza inunda nuestro ser con recuerdos de un pasado que deseamos que nunca hubiera existido. Y cabe la posibilidad de que si el pasado fuera algo que pudiéramos vivir otra vez, aun así, no  podríamos cambiar las consecuencias de lo que sucedió. Deseamos creer que si hubiéramos tratado a nuestro esposo de mejor manera, él no se hubiera ido con la otra mujer. Deseamos creer eso con desesperación.

Sin embargo, en lo más profundo de nuestro corazón, sabemos que no son nuestros fracasos ni siquiera nuestros errores la causa de que la tragedia haya invadido nuestra vida. Es posible que un restaurante familiar cierre sus puertas por motivo de que la gente ha decidido ir a otra parte y nada más por eso. Quizá los hijos abandonen a su madre porque ahora gozan de una  vida plena y se mantienen ocupados. La intención no fue hacerla sentirse mal, pero ese fue el resultado.

 

Todos hemos pasado por momentos semejantes, o hemos sido testigos de esa clase de momentos en otras personas. Nos gustaría creer que los lapsos que estrujan nuestra vida, deben siempre tener una solución. O, al menos, que nunca tuviéramos que pasar por desgracias o reveses significativos en nuestra vida. Éxito significa mejorar constantemente, y si vivimos una vida piadosa, Dios nos bendecirá. Puede haber baches temporales en nuestra vida, pero nada que pudiera ser negativo permanentemente.

Sin embargo, olvidamos que Dios nos bendice tanto en los malos tiempos como en los buenos. Es más, si hacemos una pausa para pensar en nuestra alma, los malos ratos son algunos de los mejores momentos que hayamos podido experimentar. Quizá deseamos que el sol brille siempre en nuestras vidas, pero no podemos llegar a Dios sin esos negros nubarrones.

 

Respondiendo Satanás a Jehová—

¿Acaso teme Job a Dios de balde?

—Job 1:9

 



 Sin avanzar y sin retroceder





Moisés recibió los mandamientos directamente de Dios, pero antes de que Moisés pudiera estar ante la presencia del Señor, hubo una nube negra por la que había de entrar—

Y el pueblo se mantuvo a distancia, mientras Moisés se acercaba a la densa nube donde estaba Dios.  —Éxodo 20:21

Fue ahí, en la densa y envolvente oscuridad que Dios habló a Moisés. La escena es de terror e incertidumbre. La frase densa nube (“densa oscuridad” versión inglesa) sugiere que Moisés ni siquiera podía ver por dónde caminaba, ni siquiera era capaz de ver la palma de su mano frente a su cara. Aparentemente, una oscuridad absoluta lo envolvió por todos lados. Tal fue el escenario en que Moisés se encontró con Dios.

Si parecemos algo dubitativos al describir lo que sucedió, es porque los detalles nos están deliberadamente escondidos. Sin embargo, lo que no está escondido es que, entre Dios y la oscuridad, hay una especie de combinación.

De manera similar, encuentro a Dios en oscuros momentos de mi propia vida. La aceptación de nuestra destino en la vida es algo que no queremos pasar por alto. Pablo tuvo la experiencia de estar tanto en la abundancia como en la necesidad (Filipenses 4:11-12) y aprendió a estar contento en ambas situaciones. Sin embargo, en ocasiones nos preocupamos demasiado porque nuestro trabajo no es lo ideal que quisiéramos; nuestro jefe es demasiado demandante e irrazonable. Nuestra vida es infeliz porque nos encontramos en medio de un mal matrimonio, o porque vivimos junto a vecinos que son muy molestos. Somos infelices, y aumentamos esa infelicidad porque deseamos desesperadamente que la vida sea diferente.

Claro que no hay nada de malo en desear vivir una vida mejor. En lo que concierne a un mal matrimonio, la Escritura nos dice que vivir en un desierto es una mejor opción que vivir con una mujer rencillosa e iracunda (Proverbios 21:19). Sin embargo, a veces, el escape es la única opción que tenemos, pero una verdad innegable es que estamos más cerca de Dios cuando más desesperados estamos, y más alejados de Dios cuando creemos que nuestra vida está libre de problemas y llena de potencial. Mi conciencia de Dios es mayor cuando mis problemas son peores: “Aunque ande en valle de sombra de muerte,…tú estarás conmigo,” (Salmo 23:4). Cuando la vida se nos hace pedazos, el Señor está a la puerta de nuestra alma y toca.

Claro que no puedo de decirle lo que Dios quisiera que usted hiciera en una situación imposible, así como usted no podría decirme qué hacer en caso de que el doctor me diagnosticara con cáncer terminal. Tales momentos pertenecen al corazón del hombre y a Dios que lo creó. Sin embargo, lo que sí podemos decir es que, nuestras vidas, y  una inexplicable oscuridad y Dios, están de alguna manera entretejidos.  Podemos afirmar también que en lo que parecía ser una circunstancia insoportable, Dios me  permitió aprender acerca de la piedad. Si usted o yo nos encontramos deprimidos, desanimados, o llenos de ansiedad, necesario es que miremos hacia arriba y también dentro de nosotros mismos.

“El Señor da,” dijo Job, “y el Señor quita, sea el nombre del Señor bendito.” Hay una bendición de parte de Dios tanto en los buenos tiempos como también en los malos tiempos. El momento que usted está sufriendo ahora, pudiera ser el más grandioso  de todos. Hay una bendición en lo que usted y yo podamos estar enfrentando si solo abrimos nuestros corazones. “Sea el nombre del Señor bendito.”





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